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viernes, 18 de diciembre de 2009

Trading: el casino de la Bolsa.

Imaginemos por un momento que todo lo que conocemos se fuese a acabar dentro de poco, ¿de qué nos serviría invertir o ahorrar? ¿no sería mejor vivir el ahora y los demás que vengan "ya se apañarán"?

Espero jubilarme dentro de 30 años (a lo mejor antes, si consigo la libertad financiera) y sólo tengo una cosa clara: comprar barato y vender más caro.

Esa filosofía es universal para todos los negocios que ha realizado el hombre sobre la tierra y, haciendo de Futurólogo y a pesar de que el nuevo motor económico del mundo cambie a ser China, Brasil o Sudáfrica, pienso que lo seguirá siendo mientra seamos Capitalistas. Ya lo decía el filósofo Karl Marx en el siglo XIX.

La gente que oye hablar de análisis fundamental lo ve como algo complicado o, incluso, como algo que se utilizaba en el siglo pasado para analizar empresas. Algo, por decirlo así, anticuado.

El análisis técnico surge (por cierto también del siglo XIX) como un punto de observación distinto al análisis fundamental pero con la misma idea (comprar barato / vender caro). Entonces no es que sea opuesto sino que, incluso, pueden llegar a trabajar juntos. Refencia a Luferbal.

Lo pernicioso de seguir estrategias fundamentadas en análisis técnico es que, al final, compras y vendes continuamente y terminas pagando, de los exiguos beneficios (si es que los hay), las comisiones por compra y por venta (son dos por cada operación). Además pudiendo especular hacia arriba o hacia abajo se termina por "apostar", en el sentido más pernicioso del término, continuamente para recuperar pérdidas anteriores incurriendo en riesgos innecesarios (especular con activos de alto riesgo tipo CFD, Warrants, Etc).

El análisis técnico per sé puede ser útil pero lo otro es principio de una muerte financiera anunciada: La ruina.

En cambio resalta como mejor solución, más práctica y rentable, seguir el análisis fundamental que nos va a decir a quién comprar, a qué precio y hasta cuándo mantener. Pero el sentido común no es el más común de los sentidos.

Primero buscas comprar una empresa (bueno, parte de ella) con unos beneficios sólidos, para que cuando venga alguna crisis (que cuando vienen hay que vivirlas) no quiebre y nos dé tranquilidad (observad la historia de Astroc, ahora Afirma o los que decían que las viviendas eran un valor seguro).

Segundo compras todas las acciones que se puedan cuando el mercado las regale a precio de saldo y mantenerlas, así si hay otra crisis no se sufre tanto por la bajada y si te dan dividendos mejor así se convierten en acción / bono de renta fija que además en el futuro se pueden revalorizar.

Tercero se venden cuando el mercado esté en euforia.

Ese es el análisis fundamental del estilo Warren Buffet. Lo otro es meterse a apostar y sabemos que apostando siempre gana la casa.

Si en una partida de póker no ves quien va de pardillo, el pardillo eres tú.

Entonces ahora sí, la Bolsa se convierte en una gran opción de inversión mejor que la renta fija, aunque esto lo tiene que valorar cada uno, individualmente.

Cuando se lleva algo de tiempo en Bolsa todo se ve más claro.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La primera crítica negativa.

Cuando nuestra empresa comienza es muy gratificante el esfuerzo empleado cuando cosechamos los primeros beneficios:

"Esto funciona", "es la nueva Microsoft", etc. son comentarios que surgen los primeros meses de entrada de beneficio.

Pero llega el día en que viene el primer cliente que nos presenta la primera queja sobre el producto.

Es un día aciago porque no esperamos ese tipo de reacción después de meses de creación, de esfuerzo por terminar todos los detalles, de dedicación. Pero hay clientes que no ven ese esfuerzo, ni tienen por qué verlo también está claro, y presentan la temida queja.

Dice el Blogger Desencadenado que hay diversos tipos de clientes en el mundo, asúmelo. Pues sí, los hay de todos los tipos no sólo los que gastan sin más sino también aquellos que se gastan poco y además son muy críticos con lo obtenido.

Ante esto sólo se nos ocurre que puedes actuar de dos maneras: Gritarles que son imbéciles porque tienen en sus manos algo que, a parte del esfuerzo utilizado, es de una calidad-precio inmejorable o pasar olímpicamente de ellos.

Más vale un cliente insatisfecho que no tener clientes diría Desencadenado, y con mucha razón.

Yo propongo que antes de gritar imbécil a nadie mejor no hacer nada o una alternativa de Desencadenado: Ofréceles un descuento en próximos productos o compras.

Siempre puede resultar que al final sea un cliente asiduo, cliente insatisfecho o no es un cliente al fin y al cabo pero también es sólo eso, sólo un cliente.